Wednesday, April 16, 2008

Libertad

Érase una vez un hombre, quien agobiado por su mala fortuna intentó torcer la mano del destino. Hastiado de una vida de escasez y sufrimiento, privado desde su más tierna infancia de todos los privilegios que observaba en las demás personas, buscó variadas formas para surgir, intentó recurrir al sacrificio y al esfuerzo, pero lamentablemente en él, no eran virtudes que destacaran.
Finalmente optó por la salida fácil, y cayó en el delito. Primero fueron hurtos menores, por lo general en casa inhabitadas del sector acomodado de la ciudad, pero a medida que su avaricia crecía, también aumentaba la gravedad de sus crímenes.
Finalmente un día, cuando se disponía a sustraer los objetos de valor de una casa que él suponía inhabitada, se encontró de pronto frente a los moradores del domicilio. Sin siquiera pensarlo utilizó el arma que portaba, vaciando el cargador y corriendo, sin siquiera mirar atrás.
Esa misma noche huyó al sur de Chile, a casa de unos familiares quienes lo recibieron sin saber nada de su crimen. No pasó mucho tiempo para que la noticia alcanzara notoriedad, más aún cuando se conocieron detalles del hecho. El más repudiado por la opinión publica fue que las víctimas fatales eran dos hermanos, menores de edad, quienes estaban bajo el cuidado de su hermana mayor, quien quedó gravemente herida. Afortunadamente las policías contaban con pruebas suficientes para descubrir al criminal, quien fue rápidamente identificado.
Éste, ante su detención inminente y un castigo que seguramente sería de por vida, decidió esconderse. Para ello se adentró a lo más profundo de los cerros del sector rural en donde se encontraba. Tras horas de caminata por quebradas y acantilados, encontró una cueva en donde instaló su escondite. En dicho lugar se guareció durante semanas, subsistiendo a duras penas, ya que sus provisiones se agotaron a los pocos días.
Se alimentaba solo con lo que lograba encontrar en sus escasas salidas al exterior de su guarida, las cuales por lo general eran durante la noche y con el temor constante de ser capturado.
Así pasaba los días, encerrado en su escondite, con el miedo eterno de ser descubierto y sufriendo las más inhumanas condiciones de vida.
Finalmente, al cabo de algunos años, encerrado en el fondo de la caverna, solo, hambriento y enfermo, transformado solo en un espejismo de la persona que fue, falleció, pero lo hizo con la satisfacción de haber logrado escapar de la justicia y morir como un “hombre libre”.

Wednesday, November 07, 2007

Menos mal

Pitágoras dijo “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. Si se enterase del hacinamiento carcelario, nos quedamos sin pega.

Ignorancia otorga

Siempre fue feliz, pues nunca supo que sus compañeros lo tildaban de ignorante.

Wednesday, May 02, 2007

El Sonido

Aquel persistente sonido la despertó. Al comienzo no pudo reconocer la fuente de dicho sonido, solo sentía como aquel persistente pitido inundaba la habitación y recorría cada una de sus células. A medida que su mente se despejaba, comenzó a darse cuenta que el agudo sonido tenía cierto ritmo, parecido al que hacen las bombas en las películas, pensó la muchacha: Quizás es un reloj, se dijo a sí misma. Pero no era así, el persistente bip-bip-bip, era un poco más lento que el sonido que podría emitir un reloj corriente. Luego de algunos minutos su desesperación fue en aumento: ¿Que cresta es ese ruido? se decía. ¡Ayúdenme!, ¡Apaguen ese sonido!... Cayó presa del pánico, no sabía que hacer. El misterioso ruido paralelamente aumentó su ritmo, hasta convertirse en un solo, largo y agudo sonido que perforó los oidos de la muchacha.

De improviso la puerta de la habitación se abrió y entraron muchas personas corriendo, luego de un par de minutos de un extraño procedimiento, un hombre canoso, vestido de blanco miró su reloj y dijo:
- Enfermera, anote la hora de la muerte y envíe el cuerpo de esta muchacha a la morgue.

Friday, June 23, 2006

Sacrificio

Esa noche se celebraba año nuevo. Él estaba feliz. Los invitados comenzaron a llegar a eso de las 8, ya a las 10 estaban todos. De pronto fue sacado súbitamente de su tranquilidad. Una mano férrea lo redujo fácilmente. El fuego lo rodeó y en cosa de segundos sucumbió. La vida del pobre carbón se extinguía, irónicamente, mientras más brillaba.

La Luz

Durante años buscó y busco la luz. Finalmente murió sin saber que la luz era él.

Alma Gemela

Encontró a su alma gemela en la vitrina polarizada de una multitienda.

Monday, June 19, 2006

Soledad

Se sentó a la mesa pero nadie le sirvió un plato de comida, aburrido de esperar se dirigió a su trabajo. Al llegar a su oficina, sus compañeros no le dirigían la palabra. De regreso a su hogar, no hubo un perro que saliera a su encuentro ni una esposa que lo recibiera. Ya presa de la ira se dijo a sí mismo: ¿Qué cresta pasa?
Lo que él no sabía era que las almas en pena no tienen perro, esposa ni amigos.

Vanidad

Su vanidad era tan grande, solo lo supo cuando comía una de sus piernas.

Friday, June 09, 2006

El Asalto

La bala lo golpeó en su pecho. Una cálida sensación se apoderó de su rostro y en el sitio del impacto un ardor no cesaba de atormentarle. Por un momento su respiración se aceleró, tragó a grandes bocanadas el aire viciado del callejón en que lo acababan de asaltar.
Al abrir sus ojos, la luz le hirió su retina. Sintió aquel nauseabundo olor a hospital que desde niño odiaba, lentamente se incorporó en su cama. La recuperación no fue larga, a los tres días ya estaba en su casa y en menos de dos semanas regresaría a su trabajo. La vida volvía lentamente a la normalidad.
Aquella mañana se despertó con un ánimo inusual. Se preparó un desayuno contundente y salió a dar un paseo. La película que presenció en el cine no era de lo mejor, pero él la gozó como si fuera una obra maestra. Al salir decidió pasar a comer algo a su restaurante favorito. En la tarde se reunió con un par de amigos de la época escolar y rieron recordando sus anécdotas de juventud. Al salir del bar una amplia sonrisa adornaba su rostro sereno. Caminaba lentamente hacia su hogar, dándose el tiempo para admirar al paisaje de aquella hermosa noche. De pronto se encontró frente al oscuro callejón en que días atrás había sido asaltado. De pronto un aroma a pólvora saturó sus fosas nasales y el ardor en su pecho dibujó una mueca de dolor en su rostro. Al instante lo comprendió todo. La bala había sido letal y todo lo demás eran solo los desvaríos de un moribundo.
Al cabo de cinco minutos su cuerpo no resistió más y no logró esperar la llegada de la ambulancia. El hombre quedó tirado en el suelo bajo un charco de su propia sangre.

Thursday, May 25, 2006

El Intruso

Su respiración se aceleró, esa fría noche no le ofrecía la más mínima seguridad y el hogar deshabitado solo acrecentaba su sensación de angustia. Acostada en aquella alcoba, a oscuras y en su cama matrimonial, provisoriamente desocupada debido al viaje de negocios de su marido, sentía como los latidos de su corazón se fundían con el tic-tac de aquel enorme reloj, herencia de un olvidado pariente. No sabía que hacer, sus músculos estaban petrificados, el extraño sonido proveniente del primer piso que la había despertado aún resonaba en su cabeza. Sintió como, paso a paso, el extraño subía los escalones, como, con completo descaro revisaba uno a uno los cuartos buscando dinero u objetos de valor quizás. Un hilo de sudor helado se deslizó entre su camisón de seda y su tersa piel. Por su mente volaban un millón de ideas y conjeturas distintas, ¿Habré cerrado la puerta? ¿Olvidé poner seguro a las ventanas?.... ¿qué voy a hacer?
De pronto, un recuerdo iluminó su zozobra: la pistola. Años atrás, su marido la había comprado pensando que le sería útil en alguna ocasión y al parecer este era el momento. Con completo sigilo se dirigió al closet, deslizó con sumo cuidado la puerta de éste y sacó el arma. La revisó, estaba cargada. Él sujeto misteriosamente había dejado de emitir el más mínimo ruido. La mujer caminó hacia la puerta de la alcoba, apoyó su oído contra la puerta para oírlo, pero el único sonido que llenaba la noche era el de su corazón latiendo a mil. De pronto lo sintió, se acercaba. Sacó el seguro del arma. El intruso trataba de entrar en su habitación, deslizaba suavemente el pomo de la puerta. Ella aguardaba. El ensordecedor sonido del disparo y el hombre cayendo al suelo fue uno solo. Ahí estaba ella, aún petrificada por la traumática experiencia y en el suelo, su esposo, con una botella de champagne en una mano y un ramo de rosas blancas en la otra, 15 en total, una por cada año de matrimonio, ahora teñidas de sangre, su propia sangre.