Friday, June 23, 2006
Esa noche se celebraba año nuevo. Él estaba feliz. Los invitados comenzaron a llegar a eso de las 8, ya a las 10 estaban todos. De pronto fue sacado súbitamente de su tranquilidad. Una mano férrea lo redujo fácilmente. El fuego lo rodeó y en cosa de segundos sucumbió. La vida del pobre carbón se extinguía, irónicamente, mientras más brillaba.
Monday, June 19, 2006
Soledad
Se sentó a la mesa pero nadie le sirvió un plato de comida, aburrido de esperar se dirigió a su trabajo. Al llegar a su oficina, sus compañeros no le dirigían la palabra. De regreso a su hogar, no hubo un perro que saliera a su encuentro ni una esposa que lo recibiera. Ya presa de la ira se dijo a sí mismo: ¿Qué cresta pasa?
Lo que él no sabía era que las almas en pena no tienen perro, esposa ni amigos.
Lo que él no sabía era que las almas en pena no tienen perro, esposa ni amigos.
Friday, June 09, 2006
El Asalto
La bala lo golpeó en su pecho. Una cálida sensación se apoderó de su rostro y en el sitio del impacto un ardor no cesaba de atormentarle. Por un momento su respiración se aceleró, tragó a grandes bocanadas el aire viciado del callejón en que lo acababan de asaltar.
Al abrir sus ojos, la luz le hirió su retina. Sintió aquel nauseabundo olor a hospital que desde niño odiaba, lentamente se incorporó en su cama. La recuperación no fue larga, a los tres días ya estaba en su casa y en menos de dos semanas regresaría a su trabajo. La vida volvía lentamente a la normalidad.
Aquella mañana se despertó con un ánimo inusual. Se preparó un desayuno contundente y salió a dar un paseo. La película que presenció en el cine no era de lo mejor, pero él la gozó como si fuera una obra maestra. Al salir decidió pasar a comer algo a su restaurante favorito. En la tarde se reunió con un par de amigos de la época escolar y rieron recordando sus anécdotas de juventud. Al salir del bar una amplia sonrisa adornaba su rostro sereno. Caminaba lentamente hacia su hogar, dándose el tiempo para admirar al paisaje de aquella hermosa noche. De pronto se encontró frente al oscuro callejón en que días atrás había sido asaltado. De pronto un aroma a pólvora saturó sus fosas nasales y el ardor en su pecho dibujó una mueca de dolor en su rostro. Al instante lo comprendió todo. La bala había sido letal y todo lo demás eran solo los desvaríos de un moribundo.
Al cabo de cinco minutos su cuerpo no resistió más y no logró esperar la llegada de la ambulancia. El hombre quedó tirado en el suelo bajo un charco de su propia sangre.
Al abrir sus ojos, la luz le hirió su retina. Sintió aquel nauseabundo olor a hospital que desde niño odiaba, lentamente se incorporó en su cama. La recuperación no fue larga, a los tres días ya estaba en su casa y en menos de dos semanas regresaría a su trabajo. La vida volvía lentamente a la normalidad.
Aquella mañana se despertó con un ánimo inusual. Se preparó un desayuno contundente y salió a dar un paseo. La película que presenció en el cine no era de lo mejor, pero él la gozó como si fuera una obra maestra. Al salir decidió pasar a comer algo a su restaurante favorito. En la tarde se reunió con un par de amigos de la época escolar y rieron recordando sus anécdotas de juventud. Al salir del bar una amplia sonrisa adornaba su rostro sereno. Caminaba lentamente hacia su hogar, dándose el tiempo para admirar al paisaje de aquella hermosa noche. De pronto se encontró frente al oscuro callejón en que días atrás había sido asaltado. De pronto un aroma a pólvora saturó sus fosas nasales y el ardor en su pecho dibujó una mueca de dolor en su rostro. Al instante lo comprendió todo. La bala había sido letal y todo lo demás eran solo los desvaríos de un moribundo.
Al cabo de cinco minutos su cuerpo no resistió más y no logró esperar la llegada de la ambulancia. El hombre quedó tirado en el suelo bajo un charco de su propia sangre.

