Thursday, May 25, 2006

El Intruso

Su respiración se aceleró, esa fría noche no le ofrecía la más mínima seguridad y el hogar deshabitado solo acrecentaba su sensación de angustia. Acostada en aquella alcoba, a oscuras y en su cama matrimonial, provisoriamente desocupada debido al viaje de negocios de su marido, sentía como los latidos de su corazón se fundían con el tic-tac de aquel enorme reloj, herencia de un olvidado pariente. No sabía que hacer, sus músculos estaban petrificados, el extraño sonido proveniente del primer piso que la había despertado aún resonaba en su cabeza. Sintió como, paso a paso, el extraño subía los escalones, como, con completo descaro revisaba uno a uno los cuartos buscando dinero u objetos de valor quizás. Un hilo de sudor helado se deslizó entre su camisón de seda y su tersa piel. Por su mente volaban un millón de ideas y conjeturas distintas, ¿Habré cerrado la puerta? ¿Olvidé poner seguro a las ventanas?.... ¿qué voy a hacer?
De pronto, un recuerdo iluminó su zozobra: la pistola. Años atrás, su marido la había comprado pensando que le sería útil en alguna ocasión y al parecer este era el momento. Con completo sigilo se dirigió al closet, deslizó con sumo cuidado la puerta de éste y sacó el arma. La revisó, estaba cargada. Él sujeto misteriosamente había dejado de emitir el más mínimo ruido. La mujer caminó hacia la puerta de la alcoba, apoyó su oído contra la puerta para oírlo, pero el único sonido que llenaba la noche era el de su corazón latiendo a mil. De pronto lo sintió, se acercaba. Sacó el seguro del arma. El intruso trataba de entrar en su habitación, deslizaba suavemente el pomo de la puerta. Ella aguardaba. El ensordecedor sonido del disparo y el hombre cayendo al suelo fue uno solo. Ahí estaba ella, aún petrificada por la traumática experiencia y en el suelo, su esposo, con una botella de champagne en una mano y un ramo de rosas blancas en la otra, 15 en total, una por cada año de matrimonio, ahora teñidas de sangre, su propia sangre.

Thursday, May 18, 2006

Acorralado

-“Estoy acorralado, solo hay una salida, pero ahí está él. Acechando cada día. Jamás me podré librar de su presencia. Mis compañeros no pudieron soportarlo y han caído uno a uno”
-“Yo soy el último, estoy solo y no sé que hacer, soy el único que ha resistido, pero ya no me quedan fuerzas. Siento que mi vida acabará pronto. Estoy solo, estoy acorralado. Ya nadie puede ayudarme, se que acabaré como el resto…solo es cuestión de tiempo para que él me atrape. No he dormido desde que él se llevó al último de mis camaradas. Me estoy volviendo loco. No tengo salida, estoy solo.”
Por un instante cesaron sus cavilaciones. Un ruido del exterior le señalaba que el final estaba cerca.
El terror lo paralizó, aquel siniestro dedo índice se abalanzaba al interior de la fosa nasal en donde el indefenso moco estaba guarnecido. Ante sus ojos, su vida pasó en un instante: sus comienzos como una linda mucosidad, sus primeros amigos viscosos, su paso por la Universidad de Secreciones Humanas (USH), hasta convertirse en un moco poderoso y fuerte…, pero de aquello ya nada quedaba. Ahora era solo otro moco seco pegado bajo la mesa, arrancado de la nariz por un pérfido dedo índice.